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miércoles, 9 de marzo de 2011

otro editorial más. Esta vez La Razón bien elaborado aunque no se detiene ni le interesa conocer las causas del narcotráfico. la primera el aumento de coca como materia prima barata para fabricar el refinado caro producto final

El negocio del narcotráfico bien puede ser comparado con un nocivo cáncer, susceptible de expandirse con mucha facilidad en la sociedad, no sólo porque promueve la expectativa de acumular riqueza en corto plazo y sin mucho esfuerzo, sino también por su facilidad para mimetizarse en negocios ‘lícitos’, que terminan contaminando al resto de la economía.Por ejemplo, un arquitecto con valores éticos podría servir, sin saberlo, al lavado de dinero al diseñar la construcción de un edifico financiado por el tráfico de drogas, y lo mismo puede decirse para cualquier otra profesión liberal. Pero sin duda quienes menos recursos tienen son los más expuestos a engrosar las filas en estos ilícitos negocios; es el caso de los pobladores de regiones fronterizas que, sin alternativas dignas de supervivencia, se suman a las redes de traficantes. En ambos casos, el crecimiento económico se basa en la ilegalidad.Lo peor de todo es que el tráfico de drogas viene siempre acompañado de los peores males: asesinatos, violaciones, corrupción generalizada, crisis institucional y, sobre todo, desestructuración del tejido social. Valga mencionar como el ejemplo más emblemático y temible el caso de Ciudad Juárez, en la frontera entre México y EEUU, cuya población vive ahogada entre la violencia y la corrupción generadas por el tráfico que provee de sustancias ilegales al siempre ávido mercado estadounidense.Y no son los traficantes quienes llevan la peor parte, sino los sectores más vulnerables, como los cientos de jóvenes y mujeres brutalmente asesinadas en los últimos años, sin que hasta ahora se haya podido identificar a los verdaderos culpables. Se sospecha que el narcotráfico ha generado un mercado negro de videos que muestran violaciones y asesinatos en vivo, y que más de un policía encubre y participa de estos macabros espectáculos, mientras las autoridades locales se muestran incapaces de contener el problema.Pero esas aberraciones no aparecen en su dimensión final sino cuando ya resulta muy difícil erradicarlas. No obstante, siempre hay señales inequívocas de alerta que no pueden pasar desapercibidas: las incautaciones pasan de gramos a kilos y de kilos a toneladas; las fuerzas de seguridad se muestran incompetentes, ya sea por temor al poder de las mafias o por la corrupción que infiltra a las instituciones; y los ajustes de cuentas entre criminales, por reiterados, dejan de ser noticia. Señales varias que ya se evidencian en Bolivia.No basta con señalar las causas, estructurales y coyunturales, que posibilitan la expansión del narcotráfico; urge, pues, encontrar soluciones que combinen el rigor de la ley con la promoción de alternativas viables para el desarrollo económico de la población, pues de otro modo, el futuro no es esperanzador.

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