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martes, 23 de febrero de 2016

si no está corrupta, está politizada. el último suceso en El Alto de La Paz, es prueba inequívoca. llegada al extremo tener que pedir permiso "para salir a defender a los trabajadores municipales", resultó el colmo de la dependencia del Gobierno. la población se siente desprotegida con una policía así.

Lo que viene sucediendo con la Policía boliviana está llegando a límites inexcusables, sobre todo por las dimensiones trágicas que varios eventos sin tregua ni pausa han ido desencadenando. El artículo 251 de la Constitución Política del Estado (CPE) expresa: “La Policía boliviana… tiene la misión específica de la defensa de la sociedad y la conservación del orden público…”. Luego señala: “…no delibera ni participa en acción política partidaria…”. Más claro, imposible. 

En el marco de la actual administración vemos que se defiende a la sociedad y se conserva el orden público solo cuando lo instruye el Gobierno o cuando le conviene. No importa qué clase de desmanes surjan, si no hay un guiño de la autoridad política los de verde olivo no mueven un dedo, algo inconcebible, pero real, lo vemos casi a diario. Esta actitud viola claramente el ‘no partidismo’ establecido en la CPE. Llegó a su paroxismo la semana anterior durante los trágicos acontecimientos en El Alto con su secuela de tristes muertes. El horror vivido pudo evitarse si la Policía hubiera intervenido oportunamente en función de su obligación constitucional. No lo hizo, pese a las desesperadas llamadas de auxilio. El comando regional estaba a una cuadra de distancia del acosado edificio municipal. La deleznable actitud de la Policía hizo que sea prácticamente culpable del delito de homicidio culposo o de una especie legal sui generis de homicidio indirecto por omisión. Los pretextos sobre que “la multitud no los dejaba pasar” son solo eso, pretextos. Bien sabemos que cuando desde arriba viene la orden los de verde olivo arremeten contra todo y con todo, a veces hasta con abusos, como ocurrió en La Calancha, Chaparina y en otros lugares. Así que las excusas ofrecidas son inaceptables. 

Si a esta lamentable actitud sumisa de la Policía boliviana le añadimos los innumerables hechos de corrupción denunciados y otras falencias de conocimiento público, llegamos a una patética conclusión: existe en el país una Policía inservible que no protege ni genera orden y, como guardia pretoriana, custodia únicamente al Gobierno. Para colmo, permite o deja que se cometan desórdenes. Además, con un rígido centralismo andino que no permite ningún otro tipo de fuerza de protección en todo el territorio salvo ellos –que está visto no protegen a nadie–, vemos con preocupación que el futuro de esta Policía es negro si no se toman medidas y si los propios oficiales y tropa no se percatan de la forma en que son usados por la autoridad de turno. La seguridad ciudadana queda en agua de borrajas. Como diría el Chapulín Colorado: ¿y ahora quién podrá defendernos?